Referentes femeninosTiempo de lectura: 3'

Cuando entre un debate en clase y un tuit afiladísimo se da el caso que al frente de las orquestas de dos de las instituciones musicales más importantes de Cataluña hay directoras.

Hace unas pocas semanas, en clase hablábamos de diferentes roles en la música. En uno de los apartados, que acabé llamando #DóndeEstánLasMujeres, abordábamos el tema de las mujeres en la música, desde su tratamiento historiográfico a la primera musicología feminista, pasando por la representación de la figura femenina en la ópera.

Para abrir el debate sobre el tema, compartí con los estudiantes una misma noticia en dos versiones diferentes: la reivindicación de la constructora de pianos Nannette Streicher (1769-1833), según el New York Times y el ABC. Echad un vistazo a los titulares, a ver si se os despierta algo.

Quizá los hijos de los hijos de nuestros hijos no necesitarán este tipo de reflexiones, no tendrán que buscar referentes femeninos porque ya los tendrán. Tal vez ya habrán visto algo tan sencillo y tan normal como una directora dirigiendo una orquesta.Haz click para twittear

En cualquiera de los casos, el tratamiento de la figura de la constructora no parecía muy independiente de los otros nombres masculinos que la acompañaban en ambas noticias. En las clases, hubo diferentes grados de sensibilidad con la cuestión, evidentemente, pero lejos de intereses y justificaciones periodísticas parecía claro para una gran parte del alumnado que ninguno de los relatos acababan de funcionar con fluidez.

Dicen que el acento (al hablar) es como el culo, que todo el mundo tiene uno y no se lo ve. Y creo que lo mismo ocurre con determinadas cuestiones y sensibilidades, acabé resumiendo. Ahora volvemos.

Desde entonces, se ha dado el caso que el pasado fin de semana han coincidido las directoras Zoi Tsokanou y Speranza Scappucci al frente de L’OBC balla Ravel en el Auditori de Barcelona y de La Traviata en el Liceu.

Escuché el concierto de la OBC a través del Auditori Digital y una de las primeras imágenes que vi fue un primer plano de la directora. De repente, me vino a la cabeza que el público, familiar (la edad recomendada es a partir de 5 años), estaba viendo a una mujer dirigir. Y, a continuación, pensé que para los más pequeños ver a una directora sería lo más normal del mundo (y no como los que tenemos más años, que aún nos sorprende, lo pensamos y hacemos noticia).

Y creo que fue el mismo día, aunque es anterior, que vi este tuit de la cantante Anna Alàs:

¡Me volvió a saltar la alarma de la (falta de) sensibilidad!

Pero antes me saltó la de la curiosidad, porque no lo acababa de entender. Una búsqueda rápida me explicó que la imagen que adjuntó al tuit es el cartel principal de la ópera (sin emoticonos, claro). El Liceu daba un paso adelante con la directora y dos atrás con la publicidad. #EpicFail, en palabras de la soprano.

Hablando de visibilizar, es más complicado ver a un director en el foso que las pancartas anunciadoras de una ópera. Y volviendo a la clase, recordé las palabras de Alondra de la Parra, que decía haber crecido sin ningún modelo femenino en su campo, la dirección.

En fin, terminé presentando un referente artístico que me gustaría haber conocido antes, tal vez con la edad de mis alumnos, Amanda Palmer, en una actuación del todo combativa:

Justo antes de comenzar la canción (en una parte que no aparece en este vídeo), la artista pregunta si entre el público hay alguien con una cámara, porque -insiste- esta canción es un regalo para el Daily Mail. No es necesario que el diario hable de ella, de esta actuación: la red hará llegar su mensaje. Lo (y la) hará visible.

Como dije al finalizar la clase, quizá los hijos de los hijos de nuestros hijos no necesitarán este tipo de reflexiones, no tendrán que buscar referentes femeninos porque ya los tendrán. Tal vez, como los asistentes a L’OBC balla Ravel, ya habrán visto algo tan sencillo y tan normal como una directora dirigiendo una orquesta y no les será necesario escribir sobre el tema.

 

BONUS TRACK | El activismo de Amanda Palmer lo es en muchos frentes. Yo la conocí, más tarde de lo que me gustaría, en su charla «The art of asking«.

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