Badinerie-ingTiempo de lectura: 4'

Ahora que empieza el nuevo curso ya os puedo explicar uno de los comentarios que propuse a mis alumnos el año pasado.

Cada semana, los invitaba a comentar un texto, un audio o video. Aunque tenía muchos en cartera (y algunos todavía me quedaron guardados), siempre esperaba al último momento para compartirlo, por si la actualidad me ofrecía algo de última hora. Fue el caso del primer ejercicio.

Porque a principios de 2020, justo al inicio del segundo cuatrimestre, apareció una cantante versionando la famosísima «Badinerie» de Bach. Vi el vídeo, que se hizo viral y que muchos conocidos compartieron en las diferentes redes sociales, me guardé la opinión y lo ofrecí a mis alumnos. Sí, no fui del todo neutro a la hora de presentarlo, lo reconozco. Pero no di ningún argumento en ningún sentido. Me reservé mi juicio sobre el discurso a los círculos más íntimos, hasta ahora.

Últimamente veo artículos que son doscientas palabras y que se llaman artículos. He leído textos construidos con tuits donde no hay ni contenido, ni referencias, ni opinión. Desde hace unos años la divulgación está de moda y parece que todo vale. Y no.Haz click para twittear

Como en toda la asignatura, más que un análisis musical, lo que me interesaba era la reflexión crítica: no sólo explorar con profundidad lo que dice, sino cómo lo dice (y el por qué, el cuándo, a quién… ).

Semanas más tarde, tenía preparada una sesión que reflexionaba en torno al rol del compositor (y, por extensión, del intérprete) partiendo de diferentes obras y versiones de música de Bach y de sus hijos. Antes de empezar con los ejemplos e intentar provocar el debate, pedí mis alumnos qué sabían de Bach (de JS, que diría la otra).

Todavía tengo guardados cada uno de los tres documentos que resultaron, con informaciones como: tuvo 21 hijos, tocaba el órgano, compuso muchas cantatas o era muy religioso, por ejemplo. Curiosamente, o no tan curiosamente, una información muy similar a la de dicho vídeo.

Debo añadir que la letra propuesta en la versión viral también da para un análisis aún más a fondo cuando asocia las músicas de Bach a la relajación, a la genialidad o la espiritualidad,… además de relacionar su figura a la de otros compositores como Mozart, Chopin o Beethoven (todos ellos «hombres blancos», como algún alumno notó) y comparar esta música que «ilumina» y que «sublima» con el cansado reggaetón. Basta con añadir algún toque de musicología-ficción para modernizar a Bach, universalizándolo como un imaginado instagrammer o youtuber.

No, no tengo nada en contra de este tipo de propuestas. Ni tampoco contra el Instagram o el YouTube (¡faltaría!). Pero este vídeo no es divulgación. No lo mezclemos con la pedagogía ni con la musicología, por mucho que demuestras tus conocimientos de primer curso de historia de la música citando la «recuperación» de Bach a cargo de Mendelssohn. Divulgar no es traducir al lenguaje de la calle una clase mediocre de historia (o de matemáticas o de física…).

Como una alumna señaló, para hacer este tipo de experimentos, hay otros artistas, como Noa. Con una propuesta igual o más ingeniosa y musicalmente más interesante:

Y todo esto lo digo yo, un firme defensor de comunicar (oralmente y por escrito) de una manera clara y comprensible; que se reserva hablar con números de opus para una auténtica conversación de friquis; y que piensa que no es necesario decir «Zweite Wiener Schule» si se puede decir «Segunda Escuela de Viena». Sí, divulgar obliga a generalizar y a resumir, pero no a continuar discursos con contenidos falsos ni puntos de vista únicos.

Pero es que últimamente veo artículos que son doscientas palabras y que se llaman artículos (de acuerdo, la Viquipèdia no habla de extensión, perdonad). He leído textos construidos con tuits donde no hay ni contenido, ni referencias, ni siquiera opinión. Me doy cuenta que desde hace unos años la divulgación está de moda y parece que todo vale. Me cuesta liarme en discusiones de redes sociales pero hace muchos días que me mordiendo la lengua viendo como cualquier cosa es divulgación. Y no.

Hace unos pocos días hablaba con quien ahora es compañero y antes había sido profesor mío. Me decía algo como: «hoy el problema no es encontrar fuentes de información, es valorarlas.» ¿Es confiable la Wikipedia? Pues como todo en la vida, depende… El espíritu crítico es imprescindible. La investigación, también. Y uno de sus derivados es la divulgación.

La investigación y la divulgación requieren esfuerzo y dedicación. Y esto significa también tiempo. Significa también detenerse, escuchar y pensar. También silencio. Todas ellas cosas difíciles en este mundo de la inmediatez y del ruido.

 

BONUS TRACK | La misma alumna que me recomendó a Noa (que ya conocía), me ofreció un par de descubrimientos. Le estoy muy agradecido de haberme presentado el «So what» d’Eddie Jefferson. ¡Gracias Loida!

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