Mecenazgos (2): el Barón van SwietenTiempo de lectura: 3'

En este año tan beethoveniano, donde las integrales, nuevas grabaciones y reediciones seran una constante, continuamos nuestra serie sobre ‘Mecenazgos‘ con un segundo artículo dedicado a uno de los benefactores de Beethoven.

Quizá habéis escuchado más de una vez la Primera sinfonía. Sí, no es tan popular como muchas de las otras. Quizá en la lista de éxitos de sus nueve sinfonías estaría por el final, justo antes de la Segunda o de la Cuarta, por ejemplo.

Pero esta sinfonía fue la presentación tardía del Beethoven compositor (ya tenía ¡30 años!) y, además, lleva una dedicatoria importante para el mundo de la música de finales del siglo XVIII. Arriba del todo, antes de las primeras notas pone: «Dem Baron van Swieten gewidmet». Que quiere decir: «Dedicado al Barón van Swieten».

Aunque ahora hablaremos más del caso de Mozart, otro de los protegidos del mismo protagonista: el barón Gottfried van Swieten.

La partitura tiene muchos otros cambios pero este número servirá para haceros una idea de qué pasa cuando una canción es buena pero ha pasado de moda o, sencillamente, se actualiza. Como Rosalía y Vivancos con Los Chunguitos, por ejemplo...Haz click para twittear

Este buen hombre fue diplomático y, después de la muerte de su padre, continuó la labor de director de la biblioteca imperial austríaca. Era muy aficionado a la música e incluso escribió alguna pieza. Pero lo más destacable era su conocimiento de la obra de J. S. Bach y de Haendel y la relación que tuvo con Haydn, Mozart y Beethoven.

La familia Mozart recibió ayuda económica del noble para sus grandes viajes de presentación del niño prodigio cuando Mozart era un niño, prodigio. Más tarde, el Mozart adulto visitó frecuentemente al noble y colaboró con una sociedad fundada por van Swieten donde se hacía música. Beethoven también lo conoció muy joven y Haydn contó con el noble como traductor y libretista de algunos de sus oratorios.

Porque van Swieten era un apasionado de la música de Bach y Haendel y se esforzó para que sus visitantes tuvieran contacto con estas partituras antiguas. Mozart instrumentó fugas de Bach y también recibió el encargo de actualizar algunas páginas de Haendel.

Una de les más espectaculares, que servirá de ejemplo en este artículo es el archiconocido oratorio El Mesías de Haendel. En concreto, el número «The trumpet shall sound», que habla del momento en que la trompeta sonará y los muertos resucitarán (1 Corintis 15:52-53). Haendel compone esto, con el correspondiente obligado de trompeta:

Bien, pues Mozart recibe la petición de van Swieten de arreglar el oratorio. Es decir ponerlo a la moda, adaptarlo al gusto de finales del XVIII. Hacer una versión. Revisarlo. Ponedle el nombre que queráis, pero actúa como un arreglista como un productor musical actual. Y acaba sonando esto (tendréis que entrar a Youtube para verlo):

La trompeta ha desaparecido. La melodía la tienen las cuerdas y las trompas actúan como trompeta (!). Ah, y la letra dice «Sie schallt, die Posaun'», porque Mozart y van Swieten hablaban alemán.

La partitura tiene muchos otros cambios pero este número servirá para fer-vos una idea de qué pasa cuando una canción es buena pero ha pasado de moda o, sencillamente, se actualiza o se pasa por una nueva túrmix… En el siglo XVIII como en el XXI. Como Mozart con Haendel o como Rosalía y Vivancos con Los Chunguitos.

 

BONUS TRACK | Si hace un rato que os estáis preguntando quién es y qué hace aquí fa el trompetista de la portada de este artículo ha llegado vuestro momento. Es Phil Driscoll, famosísimo entre los trompetistas por su increíble versión del «The trumpet shall sound«. Porque su proceso compositivo nada tiene a envidiar al de Mozart…

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