Directores en acción (7): Leonard Bernstein (1)Tiempo de lectura: 3'

Tal día como hoy, Leonard Bernstein habría cumplido 101. Acaban ahora los dos años de celebración de su centenario. Y justo es su cumpleaños ¡y el de nuestra página!

Ha pasado un año desde nuestro primer artículo (sobre Leonard Bernstein, evidentemente) y después de las vacaciones queremos volver a él en esta fecha para celebrarlo y también para agradecer a todos los que seguís cada semana estos artículos: una cincuentena durante este primer año y más de 5.000 visitas. ¡Muchas gracias!

Además de continuar la ya famosa serie ‘Directores en acción‘, este artículo da respuesta a una pregunta que me hicieron hace unas pocas semanas: ¿qué es lo que hace el director?

Porque asistí a un concierto donde no había nadie con la batuta, sino que era el concertino (el primer violín) quien dirigía a sus colegas. Uno de mis acompañantes a la velada me preguntó: «si no hay director (y funciona), ¿para qué sirve?» Uy, difícil respuesta. ¿Tenéis tiempo?

Sólo un par de aclaraciones: normalmente no veréis dirigir así a ningún director. Tampoco a Bernstein. Pero las grandes figuras a veces tienen esta tendencia a la 'boutade'. Ah, tampoco en la época de Haydn era necesario ningún director.Haz click para twittear

Bien, la figura del director es relativamente moderna en la historia de la música y básicamente nace de la necesidad de poner de acuerdo a un grupo de músicos que, por la complejidad de la música, por el tamaño del conjunto o, principalmente por una falta de tiempo y de recursos, no pueden hacérselo entre ellos. Es un trabajo surgido después de la crisis (post 1789, se entiende).

Es decir que inicialmente como medida de ahorro (es más rápido y barato) delegan la responsabilidad en esta figura y, poco a poco, también la totalidad de las decisiones musicales. En resumen, el director acaba siendo el responsable último de la interpretación musical.

Como decía, esto es un resumen muy resumido. Aunque cuando vemos el trabajo de un director el día del concierto, nos hemos perdido la parte más importante, que es la que sucede durante los ensayos. Allá el director indica cómo será la interpretación: desde la velocidad de la música (el tempo) hasta los volúmenes (las dinámicas), desde qué tipo de fraseo quiere hasta qué equilibrios hace en las sonoridades de la plantilla. Es decir que juega con los diferentes parámetros para conseguir el resultado que quiere.

Con este trabajo durante los ensayos, alguien como Bernstein puede permitirse el lujo de dirigir así el día del concierto:

 

Sólo un par de aclaraciones: normalmente no veréis dirigir así a ningún director. Tampoco a Bernstein. Pero las grandes figuras a veces tienen esta tendencia a la boutade.

Por otro lado, en la época de Haydn no era necesario un director, ni para hacer esta sinfonía ni tan siquiera para hacer una ópera completa, entre los músicos eran capaces de resolverlo. Como también lo son los miembros de la Filarmónica de Viena que tocan en este vídeo. Ah, además, este movimiento es repetido. La orquesta ha tocado toda la Sinfonía núm. 88 de Haydn, también este cuarto movimiento, y ofrecen como bis, la repetición de este último.

La interpretación, tanto la primera vez como en esta segunda, ya estaba trabajada durante los ensayos, En esta versión sin manos, Bernstein todavía da más espacio a los músicos para comunicarse entre ellos y tocar juntos, sin interferencias. Con la expresión de la cara (como también había hecho cuando utilizaba las manos, pero quizá menos exageradamente), tan sólo corrobora y afirma las dinámicas y el carácter que ya habían practicado previamente y que acababan de interpretar.

 

BONUS TRACK | Otro de los momentos divertidos de Bernstein con la batuta (¡o sin!) es en este episodio de los Young people’s concerts, dirigiendo la Segunda de Sibelius con la NYPO. ¡No pestañeéis que os lo perderéis!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Compartir
Compartir
Twittear
Compartir