A de CantàniaTiempo de lectura: 4'

El último mes ha sido intensísimo. Tanto, que no he tenido tiempo de escribir estos artículos con la regularidad habitual. La experiencia de tocar en la Cantània ha ido más allá de mi participación como trompista en una treintena de conciertos: todo el equipo hemos vivido en un pensabrossamiento constante y a mí, personalmente, «la piel me ha cambiado de color» en estas semanas.

A de Brossa es el nombre de la edición de 2019 de la Cantània, con música de Eduard Iniesta y textos de Joan Brossa y Miquel Desclot. Yo ya («fiu, riu») conocía el proyecto porque había asistido como espectador a alguna de las últimas cantanias. Además, durante la última década, por los alrededores del Auditori de Barcelona, había visto pasar miles de niños cargados con todo tipo de atrezzo y vestidos todos ellos de algún color concreto. Pero nunca había participado en una de ellas. Pues eso ha cambiado y «ya no soy la misma».

He visto centenares de camisetas rojas. Tantas, que he llegado a pensar que les chicas que llevaban una camiseta de este color y que iban hacia el gimnasio, en realidad seguían mi camino hacia la Cantània. I he sonreído yo solo al darme cuenta. He observado miles de letras que «se han ido al cielo» en una (polémica) elegía al Che, he visto peces de madera que nadaban solos en un truco de magia y, en general, he tenido «sensaciones acuáticas y estelares».

Hace pocos días que hemos cerrado esta edición de la Cantània y tengo el grupo de whatsapp lleno de fotos y vídeos, de 'poemas telegráficos', de corazones y mensajes de una alegría desbordante. Compartir esta experiencia nos ha marcado a todos.Haz click para twittear

Pero, ¿qué es exactamente la Cantània? Pues es una cantata dirigida a los alumnos de primaria, con un texto y una música escritos cada año para la ocasión. Desde el Auditori de Barcelona se forma a los maestros de primaria que la trabajan en clase, junto a la coreografía y todos los elementos plásticos que la acompañan. El día señalado, se hace un ensayo general antes del concierto y inmediatamente se actúa en un auditorio lleno a reventar. I así hasta más de un centenar de veces, en cada ocasión con un coro nuevo.

Antes de cada concierto, una breve explicación del proyecto y unos números siempre repetidos: cantanias en toda Catalunya, algunas ciutades de España y de Portugal, más de 50.000 niños la han cantado en esta edición.

Hace pocos días que hemos cerrado esta edición de la Cantània y tengo el grupo de whatsapp lleno de fotos y vídeos, de «poemas telegráficos», de gifs y memes, de corazones y mensajes de una alegría desbordante. Porque la energía de subir al escenario tantas veces, con las ganas de los alumnos y los maestros, el hecho de haber compartido esta experiencia con un equipo humano tan profesional, entregado y positivo nos ha marcado a todos.

Cuando recibí la invitación para participar, miré la música y pensé que era una poco tricky: unas tonalidades poco trompísticas y unos pasajes rápidos con unas cuantas notas que necesitaba trabajar con calma. Después, el CD llegó a mi coche, donde ha compartido muchos kilómetros. Tantos, que amigos y amigas han acabado aprendiéndose alguna que otra canción («A, b, c, d, e, f, g, h, i, j, k, l, m»).

Entonces descubrí la música completa (sólo tenía mi parte), con unas intervenciones de trompa destacadísimas. Todo un agujero blanco de sonido (¡gracias, Eduard!) con dosis de rock’n’rollyeah, clarinetistas!). Y yo, que venía del siglo XVIII y que ya hacía bastante tiempo que no me dedicaba a un repertorio como este con el instrumento moderno. La cruda realidad: una preparación diferente a la habitual porque lejos de hacer los 100 metros lisos como en el caso de Bach y sus números explosivos, la música de Eduard Iniesta era una carrera de fondo.

Era todavía poco consciente que, al acabar, ninguno de nosotros «miraríamos el mundo de la misma manera». Porque por el camino han pasado muchas cosas. Será que «la poesía, como la electricidad, está en todas partes». Y cuando la energía se manifiesta, así de golpe…

El tema de esta edición de la Cantània ha sido el poeta Joan Brossa, en el año de su centenario. He de confesar que no lo conocía (sólo de lejos, de lo que de él había hablado Carles Santos). Rápidamente lo descubrí y me atrapó, como a Santos. «Su obra es gigante. No paraba nunca de escribir». Tanto, que soy un fan entregado a sus poemas. Incluso me animé a participar en el juego de Twitter que plantea la Fundació Brossa, el #DauAlBrossa.

Como decía, la experiencia musical es tremenda pero la humana es muy bestia: centenares de jóvenes cantores y sus maestros, nuevos cada vez; una treintena de músicos (Tu cara me suena), cantantes («Pase, pase, señor ruiseñor») y directores musicales («¡súper súper bien!») y de escena («¿qué es la poesía?») preparados para hacer rodar este espectáculo durante no llega a un mes, con una intensidad que «abre ventanas»; y un equipo técnico y de producción atento, amable y divertido, dentro y fuera del Auditori.

Inolvidable: ¡gracias a todos! Un poema diferente con cada combinación de músicos, pero siempre electrizante. Ah, y brossacoladas de ropa negra en los pocos días libres. Sólo nos falta celebrarlo, en unos días, como Brossa manda. Fin.

 

BONUS TRACK | En el programa Els Matins de TV3, en plena Cantània, entrevistaron a una de les principales impulsoras del proyecto y jefa del servicio educativo del Auditori durante mucho tiempo, Assumpció Malagarriga. Mirad qué tiene que decir sobre la Cantània, pero sobre todo sobre la vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Compartir
Compartir
Twittear
Compartir