Mecenazgos (1): El conde RazumovskyTiempo de lectura: 3'

Abrimos una nueva serie de artículos llamada ‘Mecenazgos‘. Obviamente trata de los personajes que han sido responsables de encargar, pagar y/o ser dedicatarios de algunas grandes obras musicales. Empezamos (¿por qué no?) con Beethoven y el autor del encargo de los tres cuartetos de cuerda op. 59: el conde Razumovsky.

Tras esta total ausencia fatídica (y a tal efecto ahora lo corregimos) de artículos en las dos últimas semanas, se esconde una ocupación más que absoluta de mí como músico en la Cantània ‘A de Brossa‘.

Espero poder hablaros un poco más en detalle en un próximo artículo del increíble proyecto del Auditori de Barcelona y del autor de la música de esta edición, el músico Eduard Iniesta. Pero hace unos días que buscando CDs en un cajón se me apareció esta obra y la idea de abrir una nueva serie dedicada a poner en valor aquellos nombres que han hecho posible la creación de algunas de las obras de las que disfrutamos actualmente. ¡Comenzamos!

Probablemente desconocéis la cita completa de Virginia Woolf: 'una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas'. Los mecenas han venido a poner remedio a esta primera cuestión pecuniaria.Haz click para twittear

Todo el mundo conoce la frase de la Virginia Woolf que da nombre a su ensayo Una habitación propia. Pero probablemente desconozcáis la cita completa (como yo hasta hace un momento): «una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas». De manera que lo que esconde el título de su obra es la primera parte, la del dinero. Y los mecenas han venido a poner remedio a esta primera cuestión pecuniaria.

En el caso que nos ocupa, el conde Andréi Kirílovich Razumovski era embajador ruso en Viena desde finales del siglo XVIII. Allá por los comienzos del siglo siguiente, estableció un cuarteto de cuerda fijo en casa y él mismo tocaba el violín (pero no en el cuarteto). Incluso parece que tañía ¡una especie de tiorba ucraniana!

Fue él quien en 1806 encargó a Beethoven los tres cuartetos de cuerda que comentamos, los op. 59, que acabaron recibiendo el apellido de su mecenas: los cuartetos Razumovsky. Hay quien dice que el diplomático pidió incluir melodías rusas en las composiciones y hay quien explica que va fue el peculiar homenaje del compositor a su patrón.

La realidad es que los temas son de origen ucraniano en los dos primeros cuartetos mientras que todavía no queda claro el origen ruso de ninguno de los temas del tercero.

El primero de los cuartetos de la serie es una obra que me deja sin palabras, con una personal carga emocional. Como publicó la prensa en el momento de su impresión: «la concepción es profunda y la construcción excelente, pero no son fáciles de comprender».

Esta que sigue es mi parte preferida, el trino del primer violín que hace de enlace entre el movimiento lento (en este caso, el tercero, que es de una intensidad abrumadora) con el cuarto, que es donde Beethoven desarrolla un tema ruso (así lo indica en la partitura) de una contrastante sencillez, a pesar de las intrincadas variaciones que lo envuelven:

Beethoven le dedicó al mismo conde la Sinfonía núm. 5, una dedicatoria conjunta con su cuñado (el del conde), el príncipe bohemio Joseph Franz von Lobkowitz. Aunque la Quinta la había pagado otro conde, Franz von Oppersdorff, que no volvió a encargarle nunca nada más a Beethoven… Estos otros personajes dan también para hablar una buen rato del mecenazgo. ¡Acabemos de empezar!

 

BONUS TRACK | Por si os habéis quedado con ganas, este es el Cuarteto op. 59, núm. 1 completo a cargo de los Alban Berg Quartett. Pero si buscáis la versión del Belcea Quartet quizá os guste todavía más. ¿Por qué no he puesto directamente esta segunda versión? Pues porque está partida por movimientos y os perderíais justo el enlace entre el tercero y el cuarto…

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