Wagner y el dragónTiempo de lectura: 3'

Barcelona ha sido históricamente una ciudad wagneriana. La relación de la ciudad con el compositor alemán viene de lejos, y al revés también. Esta es una de las historias de Wagner y Barcelona: la del compositor y el dragón.

Porque las conexiones de la capital y de la cultura catalanas con la música de Wagner son múltiples. Y los aficionados al compositor y a sus óperas, numerosas. Quizá empezamos un catálogo de wagnerianos ilustres: el doctor Letamendi, Joaquim Marsillach, el tenor Viñas o Joaquim Pena, entre los más destacados. De momento, celebramos Sant Jordi con un trocito de la tetralogía que tiene muchas similitudes con la leyenda del santo.

Por si no lo sabéis, el Sant Jordi del heteropatriarcado era un caballero que mató un dragón. El dragón iba cada día al pueblo, a comerse todo aquello que encontraba. Los habitantes habían decidido darle un animal cada mañana, hasta que se quedaron sin animales. Así que el rey decidió hacer un sorteo entre todos los habitantes para elegir el siguiente almuerzo de la bestia y (¡oh, horror!) le tocó a la princesa… Cuando ella estaba dispuesta para el sacrificio, apareció Sant Jordi (que parece que no era votante del PACMA) y mató al dragón. Allí donde cayó la sangre del dragón, nació un rosal.

Quizá empezamos un catálogo de wagnerianos ilustres: el doctor Letamendi, Joaquim Marsillach, el tenor Viñas o Joaquim Pena, entre los más destacados. De momento, celebramos Sant Jordi con un trocito de la tetralogía que tiene muchas similitudes.Haz click para twittear

En el caso de Wagner, el héroe es Siegfried. Un joven héroe huérfano que (resumiendo mucho) mata al monstruo para conseguir recuperar el tesoro (y el anillo) que custodia en la cueva donde vive. El monstruo es Fafner, que inicialmente no es un dragón pero a las alturas de la historia que nos ocupa, ya se ha transformado en esta bestia salvaje. La escena completa es bastante pintoresca: Siegfried va al combate con una nueva y flamante espada, Nothung (que acaba de forjarse él mismo), y con un cuerno. Antes de luchar, haca sonar el cuerno: el famosísimo horncall de Siegfried. Y con aquella música, despierta al dragón.

Lo ataca y (¡ALERTA ESPÓILER!) le clava la espada en el corazón. La sangre del dragón le toca la piel y le quema. Instintivamente se lleva el brazo a la boca y, al probar la sangre, empieza a entender qué dice un pájaro que hay cerca y tiene la capacidad de leer los pensamientos (por lo que evita su asesinato por envenenamiento). Y la historia continúa, que Siegfried es la segunda jornada y la tercera ópera (contando el prólogo) de las cuatro. Esta es, pues, la escena wagneriana:

El argumento wagneriano viene de otros relatos de las tradiciones nórdica y germánica, donde aparece Sigurd, un héroe que mata al dragón y se baña en su sangre, convirtiéndose en inmortal, excepto en una parte de la espalda, donde se le ha quedado pegada una hoja (¿os recuerda en algo a Aquiles?). Las historias se entrecruzan…

 

BONUS TRACK | Por lo que respecta al personaje de Fafner, ¿habéis visto cómo de peculiar era en el montaje de arriba? Si queréis otros ejemplos, podéis mirar otras versiones, como esta del Metropolitan o esta otra del Festival de Bayreuth. Ahora, en cualquiera de los casos, a mí me vienen a la mente dos personajes bien diferentes pero con unas caracterizaciones bastante parecidas: Doña Basura de los Fraguel Rock o Jabba de Star Wars. Ah, ¡y (casi) todos cantan!

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