Stravinsky en BarcelonaTiempo de lectura: 4'

En esta página quiero compartir las experiencias de la vida de músico, de investigador y de divulgador. Los temas casi siempre están inspirados en preguntas que me han hecho o cuestiones que suscitan la curiosidad del público. En esta ocasión, quiero dejar escrita una historia no explicada.

El sábado pasado hice la charla previa al concierto de la OBC en el Auditori de Barcelona. Creo que cada vez me gusta más el formato, seguramente porque te obliga a hacer un ejercicio de concreción muy grande y diría que en cada previa que hago soy más exigente con lo que digo y, sobre todo, con cómo lo digo. Porque (ya sabéis) son tan sólo treinta minutos.

La previa era para el concierto titulado ‘Kent Nagano dirige La Consagración de la Primavera‘. Además de la obra de Stravinsky (evidentemente), la orquesta dirigida por el famoso director norteamericano interpretaba Jeux de Debussy y el Concierto para piano núm. 5 ‘El egipcio’ de Saint-Saëns, con Jean-Yves Thibaudet, como solista. Un verdadero espectáculo, más allá de los botones de la camisa del pianista o de la entrada (supuestamente rockera) del instrumento en el escenario. En fin

Volviendo a lo que decía, las tres obras tienen detrás tres maravillosas historias (y muy bien documentadas), aunque el peso historiográfico (y también el de la fantasía humana) alrededor del escándalo del estreno de Stravinsky contenía un riesgo alto de eclipsar el resto.

Si queréis saber qué expliqué, me lo tendréis que preguntar porque este artículo está dedicado a una de las historias que finalmente descarté. A pesar de su interés (y que estaba dentro de mi plan inicial), me gusta improvisar mi discurso: siempre tengo un guión y unos ejemplos de máximos, que va tomando forma a través de lo que voy diciendo y con aquello que voy perciebiendo del público. Así que el sábado, esta parte de la charla quedó guardada. ¡Hasta ahora!

Stravinsky hizo 'seis visitas y doce conciertos' en Barcelona. Pero los momentos que más me gustan son los de la reacción del público y, sobre todo, la de algunos de los músicos.Haz click para twittear

Centrado en explicar cómo el mundo no ha cambiado demasiado en relación al período entre la muerte de Wagner y el final de la Primera Guerra Mundial, se me quedó en el tintero hablar de la presencia en Barcelona del compositor de La Consagración.

Stravinsky hizo «seis visitas y doce conciertos«, parafraseando a Oriol Martorell. Pero los momentos que más me gustan son los de la reacción del público y, sobre todo, la de algunos de los músicos. Así lo explica Enric Casals, hermano de Pau y concertino de la Orquestra Pau Casals, que interpretó las obras del compositor ruso en la capital catalana:

«El año 1924, en el Sindicat Musical de Catalunya había más de seiscientos socios, pero sólo había tres a quienes se les tratara de señores’. El señor Vila, primer flauta de la Orquestra Pau Casals, el señor Valls, contrabajista primero, también de nuestra orquesta, y el señor Llubes, que hace muchos años había tocado en el Teatre del Liceu.
Este preámbulo es porque el protagonista fue uno de estos señores: el señor Vila.
En diferentes ocasiones, la Orquestra Pau Casals había hecho sus series de conciertos en el Gran Teatre del Liceu, y en dos de estas, el director era Igor Strawinski, que dirigía programas enteros con sus obras.
Hoy en día,  el público está acostumbrado a todo, y los músicos todavía más, pero en los años veinte, cuando las obras de Strawinski motivaban la rotura de las butacas de las salas donde se tocaban, el señor Vila, en un ensayo, no pudo dominar su indignación por lo que se veía obligado a tocar y, poniendo con toda la calma la flauta en su estuche, se levantó y sin decir palabra se fue.
Entre los asistentes al ensayo, sentado en una butaca, había el presidente de la Orquestra Pau Casals, el señor Carles Vidal-Quadras, persona de la más grande distinción. El hecho de la deserción del señor Vila le impresionó tanto, que al llegar la pausa en mitad del ensayo, corrió a encontrarse con Strawinski, que todavía estaba delante de su atril de dirección.
El señor Vidal-Quadras tenía de natural el cutis sonrosado, pero en aquel momento lo vi por primera vez pálido. No sabía cómo comenzar para disculpar la acción del señor Vila. Por fin, medio tartamudeando, le pidió disculpas, alegando que el señor Vila tenía ya una cierta edad. Pero Strawinski no le dejó acabar. Con buen humor le dijo: ‘Yo estoy acostumbrado a que me abandonen orquestas enteras; así que por una sola flauta no me vendrá de aquí.’
El señor Vidal-Quadras se volvió medio riendo de sí mismo, que había sufrido tanto por disculpar una sola flauta.»

[Enric Casals, Pau Casals. Dades biogràfiques inèdites, cartes íntimes i records viscuts, p. 220]

Aunque Enric Casals empieza hablando del año 1924, Oriol Martorell asocia este episodio al estreno en Barcelona del Octeto de Stravinsky, que se dio el año siguiente, el 2 de abril de 1925.

BONUS TRACK | «¡Garreta! ¡Más Garreta!» es lo que se supone que exclamó Stravinsky cuando sus anfitriones en Barcelona lo llevaron a ver y a escuchar sardanas. Pidió que le enviaran a París partituras para estudiarlas y prometió escribir una. Parece que todavía estamos esperando (o no)…

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