Desde aquel día, las trompas están en la orquestaTiempo de lectura: 3'

En el principio, las trompas eran un efecto especial en los teatros de ópera, una especie de elemento propio del aire libre totalmente fuera de contexto. Poco a poco, los trompistas se fueron civilizando y se incorporaron como unos músicos más de la orquesta.

Después de unos días alejado de les pantallas, volvemos con un artículo sobre la trompa. Han sido un par de semanas llenas de viajes y conciertos, con hasta tres instrumentos diferentes. Entre ensayo y ensayo, todos nos preguntaban a los trompistas cómo éramos capaces de tocar tan… poco.

Así que por si alguien me lo vuelve a preguntar, en este día de Santa Cecilia (patrona de los músicos) allá va una introducción de cómo las trompas llegaron a la orquesta, por la gracia del bosque.

Comenzamos por el principio. El origen de la trompa es (en diferentes formas, materiales y regiones) el de un instrumento de señales. A través de toques y pequeñas melodías hechas con caracolas, cuernos de animales o tubos de madera o metal, se comunicaban mensajes a grandes distancias.

Sin ser instrumentos de música, los compositores se fijaron en las trompas de caza para ilustrar pintorescas escenas en las óperas del siglo XVII. Entre los temas mitológicos y sobre reyes y emperadores, siempre había sitio para incluir una cacería...Haz click para twittear

Existen ejemplos muy diversos, a cualquier cultura, con finalidades diferentes: desde anuncios bélicos hasta la llegada del correo (¿os habéis dado cuenta de cómo es el logotipo de los servicios postales de cualquier parte del mundo?), desde celebraciones festivas hasta señales de alarma por inundaciones,…

De todas estas variedades, una de las formas y usos más populares fue la trompa de caza, utilizada para informar y orientar a los participantes de los diferentes momentos de la cacería.
El instrumento llegó a Bohemia des de Francia gracias a los trompistas que el conde von Sporck llevó en sus viajes por Europa*.

Esta especie de Adán y Eva de la trompa se reprodujeron y popularizaron este uso cinegético. Pero estos sonadores NO eran músicos, porque lo que hacían NO era música. De hecho, en Francia todavía en la actualidad diferencian este instrumento utilizado en el bosque, la trompe de chasse, del instrumento musical, le cor. Tienen nombres diferentes, ¡porque son objectos diferentes!

Así que, sin ser instrumentos de música, los compositores se fijaron en las trompas de caza para ilustrar pintorescas escenas en las óperas del siglo XVII. Entre los temas mitológicos y sobre reyes y emperadores, siempre había sitio para incluir una cacería (o una entrada real, pero eso ya es más trabajo de los trompetistas, con una historia paralela). Y las trompas aparecían en escena o bien tocaban desde el foso, ensordeciendo a los músicos (de verdad).

Poco a poco, como decíamos, se fueron civilizando: instrumentos en diferentes tonalidades para poder variar su color o con las posibilidad de afinarlos, el uso de sordinas o de la mano dentro de la campana para amortiguar el sonido,… eso cambió la manera de construir el instrumento y también las técnicas para tocarlo.

Finalmente, las trompas llegaron al siglo XVIII como un instrumento más de la orquesta, aunque no habían perdido la esencia de la caza y del aire libre. Hay numerosos ejemplos de música barroca, de cantatas con cazadores (¡o incluso con pescadores!), de música para grandes celebraciones en acampo abierto y también arias de ópera.

Uno de los ejemplos más famosos es el «Va tacito» de Giulio Cesare in Egitto de Haendel. El compositor escribe una aria para César que habla del astuto cazador que espera atrapar la presa con sus ardides. Lo acompaña un espectacular obligatto de trompa que dialoga con el solista y la orquesta, exhibiendo sus dotes venatorias:

BONUS TRACK | Como ejemplo de cómo el ADN de la caza quedó en el instrumento, tan sólo hay que seguir la literatura posterior de la trompa, a través de sus conciertos. Da igual si escucháis Mozart, Strauss o Ligeti.

* EDITADO 4/05/19: Muchas gracias a Maria, que se ha dado cuenta que a esta frase le faltaba un trozo ¡y decía exactamente lo contrario a lo que debía decir!

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