Óperas de Muerte (2): Manon LescautTiempo de lectura: 3'

La música que acompaña la muerte de Manon es tan sobrecogedora como las palabras de la protagonista: «No quiero morir.»

No, no es el mejor libretto de Puccini. Eso está claro. Pero en esta nueva entrega de las ‘Óperas de Muerte‘ nos encontramos ante una nueva mujer pucciniana. Una que (¡oh, sorpresa!) muere.

La historia es relativamente sencilla. Atención que va: ella, Manon Lescaut, es una adolescente que gracias a un joven enamorado escapa al mismo tiempo de la decisión de su familia de encerrarla en un convento y de la propuesta amorosa de Geronte, un pretendiente que ya tiene el carnet del Imserso caducado.

El jovencito es el caballero Des Grieux, un estudiante que gastará rápidamente su escaso dinero pagando el nido de amor en París. Si queréis conocer a esta pareja de enamorados, escuchad su primer diálogo: él le pregunta el nombre y ella responde: «Manon Lescaut mi chiamo» («Me llamo Manon Lescaut»). Lo siento, ya no os podréis sacar esta melodía de la cabeza ni durante las siguientes dos horas de ópera ni en los próximos días…

Seguimos: ella, buscando una vida mejor, se dirige entonces a los brazos de Geronte, que es rico (por si no lo habíais adivinado). Des Grieux consigue encontrarla y los jóvenes reviven su amor verdadero. Hasta que son descubiertos por el viejo.

Cuando tratan de escapar, ella se entretiene recogiendo las joyas y la detienen. Des Grieux la seguirá hasta su exilio. La pareja acaba en mitad del desierto de Nueva Orleans, aunque en realidad en Luisiana no hay desierto

El libretto es bastante frágil. Hasta seis autores (incluyendo el propio compositor) adaptaron el original del abad Prévost y por el camino perdió muchos detalles, como es totalmente normal. Pero siempre me ha parecido que la distancia entre la novela de 1731 y la visión de la ópera de Puccini es demasiado grande, que hay una esencia diferente en el fondo.

No, no es el mejor libretto de Puccini. Eso está claro. Pero en esta nueva entrega de las 'Óperas de Muerte' nos encontramos ante una nueva mujer pucciniana. Una que (¡oh, sorpresa!) muere.Haz click para twittear

Existe todo un desierto entre los consejos del religioso francés de principios del siglo XVIII (y sus detalladas advertencias a los caballeros sobre cómo llevar una vida recta y no dejarse arrastrar por las femmes fatales) y el protagonismo creciente de la Manon del XIX, que borra a Des Grieux hasta del título.

Mientras que, en el siglo XXI, el retrato de Manon se parece más al de una mujer que sufre sistemáticamente las imposiciones de los hombres de su entorno. A saber:

  1. Su padre (llamadlo patriarcado, si no os incomoda): a través del hermano, el sargento Lescaut
  2. El amante 1, el joven: el caballero Des Grieux, que es la única vía para evitar el destino que ha dictado la familia y también un amante no deseado
  3. El amante 2, el viejo: Geronte, que es la manera de llevar una vida cómoda
  4. La policía: que la persigue y la detiene por adúltera
  5. La justicia: que la condena al exilio
  6. Los marineros: que maltratan a Manon y también a las prostitutas que la acompañan hacia el exilio

Todas las opciones que se le presentan y las decisiones que toma la conducen a una situación cada vez peor: reclusión, pobreza, sumisión, encarcelamiento, exilio,… y lo acaba pagando todo con la muerte. Un final de película de Hollywood: el malo muere (y el bueno no ha podido hacer nada para evitarlo).

Pero, afinad el oído: en el momento de máxima exuberancia en casa de Geronte, hay unos músicos que cantan un madrigal escrito por el viejo. Puccini incluyó un fragmento que ya había utilizado previamente para una misa, un Agnus dei! ¿Recordáis aquello de «cordero de Dios que quitas el pecado del mundo…»? ¿Es una parodia musical o una metáfora del sacrificio al que se verá sometida Manon?

El énfasis en detalles como este no se ven a menudo en los montajes operísticos. La escena del madrigal parece absurda allá en medio (el hermano de Manon pregunta si los cantantes son unos charlatanes…). Quizá necesitemos una (re)lectura con un poco más de perspectiva de género para entender que cuando finalmente Manon muere «Sola, perduta, abbandonata» no lo hace refiriéndose a que su amante la ha dejado un momento para ir a buscar agua en mitad del desierto. Quizá su lamento final es más amplio y se dirige a nosotros.

¡Y no será porque no se hace escuchar! Como en tantas muertes en la ópera, ella canta hasta el último suspiro, literalmente. Y grita bien fuerte que no quiere morir.


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